Análisis de fragmentos de "Romance de la Guardia Civil Española" de Federico García Lorca.
Primer fragmento:
“Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.”
Este fragmento está constituido por doce versos. Al tratarse de un romance, estos son versos octosílabos (contienen ocho sílabas), con una rima asonante (mediante las vocales e y a) en los versos pares.
Aquí el sujeto que emite el mensaje es el Yo Lírico, quien se expresa en 3ra persona y, por ende, no participa activamente en lo que está enunciando. Como este tipo particular de lírica tiene semejanzas con la narrativa, ya que trata de contar una historia que se estructurará como poesía, es posible considerar que este Yo Lírico contempla lo que sucede sin intervenir. Para contar la escena utiliza enunciados declarativos, sin interrogantes ni exclamaciones, manteniendo un ritmo carente de duda al exponer simplemente la situación.
El fragmento da inicio con la conjunción “Cuando”, que indica una condición o caso, y constituye el subordinante circunstancial o adverbial de la oración que prosigue. Es decir, solo entonces, cuando la noche llegara, los gitanos forjarían “soles y flechas”.
Aparte de los adjetivos atribuidos a la noche misma (platinoche y nochera), solo se hace uso de dos más: “malherido” que corresponde al caballo, y “desnudo”, que es un adjetivo que refiere al viento y puede que hace referencia a la vulnerabilidad que posee entonces.
Durante los tres primeros enunciados se mantiene el tiempo verbal de Pretérito Imperfecto, lo que se encarga de alargar las acciones, sin determinar un fin exacto para estas: “cuando llegaba la noche” no expresa simplemente lo que sucedió al llegar una noche exacta y definida, genera la sensación de inexactitud... Y que no fue algo que sucedió de un instante para el otro, sino que en una acción prolongada por cierto tiempo. Sin embargo, en el último enunciado, el tiempo verbal cambia a Presente en el verbo “vuelve”, cuyo sujeto es “el viento”
Para comenzar con el análisis propiamente dicho del fragmento, tomaré los primeros cuatro versos:
“Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas”
En el segundo verso se hace uso del recurso de la anadiplosis al repetir la última palabra del verso anterior y ponerla al comienzo de este; y de la aliteración al repetirse un sonido en pos de una mayor expresividad.
Allí, teniendo en cuenta el simbolismo que pueda yacer tras cada imagen proyectada por el autor, la noche puede no ser simplemente la noche sino una metáfora que representa la oscuridad misma, proveniente de las emociones negativas. Si se tiene como base eso, es posible establecer una conexión aquí entre el próximo enfrentamiento entre los gitanos y la Guardia Civil, y cómo, cuando este llegara (cuando llegaba la noche), los gitanos forjarían “soles y flechas”: representando las flechas su única defensa ante la brutalidad de la Guardia Civil, y los soles, la luz ante tal oscuridad, la esperanza de salir victoriosos.
Otra posible interpretación iría de la mano del estereotipo gitano: mirar la suerte, qué depara el futuro; y también de los soles y flechas como símbolos del dios griego del sol, la arquería, y las profecías: Apolo. Esta interpretación sería que, en el resguardo de las sombras de la noche, los gitanos verían qué sería de ellos, si lograrían sobrevivir la contienda.
“Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.”
Personificación del caballo pues, ¿cómo llamaría sin manos? El caballo les representa a ellos, gitanos, que malheridos, moribundos, “llamaban a todas las puertas”, pidiendo clemencia. ¿Por qué “Un caballo”? El pueblo gitano es unido, es uno solo, y no está atado a ninguna tierra, así que es libre, una cualidad que se le atribuye comúnmente a este animal.
“Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.”
Se nos da una ubicación geográfica, “Jerez de la Frontera”, que corresponde a una ciudad española, y es dónde los “gallos de vidrio cantaban”. El canto del gallo representa el final de la noche, y el comienzo de un nuevo día, alejado de la oscuridad (y todo lo que esta implica), pero eso se aplicaría a un gallo de verdad no a uno de vidrio.Un gallo de vidrio no podría cantar (es mudo) y, por lo tanto, no puede señalar el final de la noche, no puede acabar el horror de la oscuridad que asola la ciudad de Jerez.
“El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera”
Como se estableció antes, la desnudez corresponde a la vulnerabilidad, lo que plantearía una antítesis con la idea que representa el viento. Debería ser salvaje, debería ser indómito, pero, sin embargo, es vulnerable.
Aquí se utiliza el recurso de la aliteración nuevamente en los últimos dos versos, que remarcan la ubicación temporal del día en la que se da esta situación: la noche. Esto sería: en la noche, suceden los mayores horrores, y, en la noche, incluso el más bravo sucumbirá y será vulnerable.
Segundo fragmento:
“Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.”
Este fragmento está constituido por dieciséis versos octosílabos, con rima asonante en versos pares (características que son atribuidas a la estructura de los romances en general, como ya se estableció previamente).
Da comienzo con un “pero”, que denota una contradicción con lo anteriormente establecido, una contradicción con la idea de que la llegada de la Guardia Civil podría evitarse.
Se puede ver aquí cómo los verbos no están ya en pretérito imperfecto, sino en presente (la excepción se da en los últimos versos, pero eso se desarrollará luego), dando la sensación de acciones no apartadas en el tiempo sino sucediendo en simultáneo que uno las lee. Contribuye a generar la sensación de impotencia ante aquello que se puede ver, pero no puede ser evitado. Se puede ser testigo de la brutalidad de la Guardia Civil en este fragmento, donde esta avanza y deja un reguero de destrucción a su paso: la oscuridad tan temida que se predijo en el fragmento anterior, ha llegado, y la profecía de horrores que traería consigo ahora es una realidad.
“Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.”
Como ya se dijo anteriormente, la Guardia Civil es ahora el agente, el protagonista de esta parte, aquel que conducirá a todo lo que viene. Se hace uso del verbo “avanzar” que, con un sentido literal, generalmente se atribuye a las tropas de un ejército; y el resto del verso da una descripción acerca del modo en que lo hace: no avanza sin más, sino que “siembra hogueras” a su paso, lo que significa que el fuego domina la escena a su alrededor, pues la Guardia Civil vino a acabar con todo.
Nuevamente “desnuda” como adjetivo, lo que hace referencia a la vulnerabilidad. Juventud, a su vez, nos remonta a la inocencia. Desnudez, juventud e imaginación se unen en la niñez: carencia de pudor, y tanta imaginación como nosotros, adultos, no podemos más que desear tener. Se daría así una personificación de la imaginación, como si esta tuviera un cuerpo desnudo que pueda ser quemado.
[La imagen perfecta para representar esta idea con claridad, sería aquella de la niña desnuda que huye del napalm en la Guerra de Vietnam... imagen famosa que demuestra la crueldad de la guerra, y puede fácilmente tomarse como ejemplo para enseñar cualquiera, pues no perdona edades, ni géneros. No tiene límites.]
“Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.”
En el análisis de los versos anteriores se hizo mención de cómo la guerra no perdona géneros, y esto resulta una muestra clara de ello: Rosa (“la de los Camborios” sirve para identificarla como parte de la comunidad gitana, ya que los Camborios constituyen uno de los linajes más antiguos de esta) “gime sentada en su puerta”... no pide ayuda, ni se defiende, solo se resigna a esa crueldad. La amputación de los pechos, tomándose tanto literal como figurativamente, significaría la pérdida de la feminidad, una sustracción de aquello que hace a la mujer ella misma y construye su papel como el miembro de la sociedad que se encargará de traer al mundo a los bebés y alimentarlos.
De acuerdo con esto, la figura de los pechos cortados significaría una violación en sí misma, que hace a la mujer sentirse ultrajada. Que los ofrezca en una bandeja conllevaría la idea de pérdida, nuevamente, y también de resignación: “mi feminidad ya no es mía, sino de cualquiera para tomarla”.
Retomando esto último, si se proyectara esa imagen (una mujer, llorando en su puerta, sentada, encogida sobre sí misma) y se quitara la posible metáfora de los pechos puestos en una bandeja; lo más posible es que se llegara a la conclusión de una pérdida... pudiendo ser esta una madre que pierde a sus hijos (aquella imaginación joven y desnuda) y, por lo tanto, ya no se ve a sí misma como una mujer, pues ya no tiene su propósito en el mundo.
“Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra”
Se reitera la idea de ataques a las mujeres, y a aquello que simboliza la feminidad: en los versos anteriores, los senos, y en estos, el cabello largo peinado en trenzas. Este aquí incluso es visualizado como el motivo de ataque “perseguidas por sus trenzas”, lo que evidencia que es su condición de mujeres lo que determina que sean perseguidas por la Guardia Civil. También aparece aquí el color negro, simbolizando ahora la muerte misma como el desencadenante de esas persecuciones. Si nos remontamos a lo dicho en el análisis del primer fragmento, y la idea de los “soles y flechas” como única defensa ante la Guardia Civil, es fácil notar cuán frágil sería el escudo de los gitanos ante su ataque: de nuevo, el enfrentamiento de la luz (soles) y flechas de los gitanos, contra la oscuridad (pólvora negra) y el fuego que trae la Guardia Civil.
La imagen de la pólvora estallando en rosas supone una contradicción en sí misma, ya que uno de los elementos evoca un escenario de muerte, de guerra, y el otro de amor, dicha, belleza. Esto expone, tal vez, la belleza y magnificencia que puede la Guardia Civil encontrar en el acto de matar, o la escena que se proyecta frente a ellos: sangre y fuego, gritos y lágrimas, dejar salir la barbarie interior y entregarse, hacer algo por un propósito mayor.
“Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.”
El último fragmento de cuatro versos da comienzo con la conjunción subordinante “cuando” que, al igual que en el primer verso del primer fragmento analizado, se encarga de denotar una condición en la que se dará lo que sigue.
Los verbos ahora abandonan el tiempo presente y cambian a pretérito (imperfecto en “eran” y perfecto simple en “meció”), lo que da a entender que al fin todo acabó, y la mañana llega y se encuentra frente a sí este escenario desolador: los tejados como surcos en la tierra haciendo referencia a cómo en el correr de las horas se han ido deshaciendo las casas, derrumbadas por el fuego y la matanza, y, bajo los escombros, los cuerpos yacen.
Se da una personificación del alba, no siendo ya un momento del día, sino un ser que contempla la destrucción que trajo la oscuridad y se resigna (pensando el “mecer los hombros” como encogerse de hombros) o sufre en silencio (tomando ya su gesto como uno que denote el llanto, los sollozos que no pueden contenerse); ambos manifestando cuánto pesar carga dentro de sí el alba... y cuánta culpa llena su mente, haciéndole preguntarse si hubiera llegado antes, quizás eso se habría evitado.


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