El uso de adjetivos y evolución de tiempos verbales para la construcción del ambiente en "El zambullidor" de Luis Do Santos

 En la rica tradición de la literatura sudamericana, encontramos obras que nos sumergen en paisajes evocadores y emociones intensas. Un exponente notable es Luis Do Santos, un autor cuyas narrativas cautivan a los lectores a través de su habilidad para tejer emociones y atmósferas intensas. En este fragmento de su obra "El Zambullidor", el autor nos lleva en un viaje a través de las aguas inciertas del río y las profundidades de las emociones humanas. En particular, nos enfocaremos en cómo el cambio de tiempos verbales, con astucia y destreza, nos lleva a vivir la desesperación y el miedo de manera palpable y real.


"Por un momento me sentí atrapado por la incertidumbre de la deriva. Suspiré perdido. Pero a mi lado andaba el gran Emilio, capaz de increíbles ocurrencias. Arrancó una de las tablas que servían de asiento y la usó como remo improvisado, haciendo pala para dirigir la chalana hacia su destino, corno un verdadero timonel de aguas difíciles. Después de calibrar los remos, cl capitán viró timón para cambiar la dirección y en pocos minutos eran nuestros los secretos del islote.

El sol a aquella hora comenzó su sangría, al otro lado del monte.

Lo que desde la orilla parecían árboles o ramas eran apenas piedras gomosas de limo resistiendo el embate del río. Rastrillamos con saña la isla, como hurgando en nuestra propia alma, pero no había más que rocas, caracoles lustrosos y escamas de pescados podridos. La desazón es más dolorosa cuando la vida no tiene precios y llega todavía envuelta en papel de caramelos. Volvimos a la chalana mascando el sabor salado de la derrota. Al soplar del viento, ahora un poco rabioso, el río sacudió la melena. La Nochera se bamboleó de un lado a otro 'resistiendo al vuelco, pero el sacudón llevó la tabla de remar dejándonos al garete.

La corriente nos tiró otra vez aguas abajo. Nos agarrarnos fuerte a los bordes de la chalana. Todo empezó a ser de pronto desconocido, la costa cada vez más lejana, esas aguas que acechaban silenciosas, el cielo ahora amenazante y sin estrellas.

Me sobrepuse al terror y dejé caer el anda con la esperanza de que alguien viniera a rescatamos. La chalana se clavó a mitad del río. Entonces recién comprendí que la noche nos había envuelto ya con sus pájaros de sombra.

Siempre será real. El río golpea las tablas de la chalana, una y otra vez, como un perro desesperado por entrar. Nos abrazamos fuerte. El viento raspa la garganta y seca las lágrimas. La camisa empapada de Emilio es un pañuelo que suaviza la tragedia. No decimos palabra. No podemos. La luna se sacude sin prisas en el espejo rugoso del agua y parece esperar en silencio, sabedora de fiel tr. y estires. Cierro los ojos, presiento el temblor en los dientes de mi amigo, las rodillas que golpean, el sollozo apretado. Lo abrazo más fuerte para hacerle saber que todavía estoy aqui. Pienso en mi padre y sus hazañas de zambullidor. Quisiera tenerlo cerca para saltar sobre sus hombros y que me lleve lejos. Estoy dispuesto a perdonarle las ausencias y las deudas, las magras caricias, los malentendidos. Entonces lo veo llegar hasta la orilla con su camisa engrasada. «Ya vino, Gringo, ya vino», repito, loco de alegría. Se acerca lentamente, arroja al agua el blanco jazmín de mi casa, y se zambulle para sacarme en sus brazos con los mismos ojos muertos del ahogado.

Los gritos de la costa y la luz que me golpeó en la cara me sacaron de la pesadilla. Nos habían encontrado."

(fragmento del capítulo 1, páginas 18-19)


Análisis del fragmento: 

¿Qué recursos podemos reconocer aquí?

Este fragmento nos introduce en la narrativa a través del uso magistral de los tiempos verbales. Comienza con el pretérito, brindándonos una narración más distante y reflexiva sobre las experiencias pasadas. Sin embargo, conforme avanzamos en la historia, el autor nos sumerge en el presente, haciéndonos sentir la angustia y la desesperación en tiempo real. Este cambio de tiempo verbal, sutil pero impactante, nos lleva a experimentar la historia como si estuviéramos junto al narrador, enfrentando la incertidumbre y el peligro de primera mano. Es un recurso que resalta la destreza del autor para transmitir emociones vívidas y sumergirnos en la narrativa con una intensidad palpable.

A su vez, este fragmento se caracteriza por el uso ingenioso de adjetivos descriptivos que enriquecen la narrativa, pintando imágenes vívidas y evocadoras en la mente del lector. Desde "increíbles ocurrencias" hasta "caracoles lustrosos" y "escamas de pescados podridos", los adjetivos son pinceladas que añaden profundidad a la descripción de los elementos naturales y las emociones humanas en el relato.

Estos adjetivos capturan las sutilezas de la escena, permitiendo a los lectores visualizar y sentir la desesperación, la incertidumbre y la lucha contra las fuerzas de la naturaleza junto con los personajes. La elección precisa de cada adjetivo resalta la destreza del autor para crear una atmósfera realista y transmitir las emociones de los personajes en este contexto único de aventura y peligro en el río.

Además del cambio en los tiempos verbales, estos adjetivos descriptivos colaboran en la experiencia de lectura al crear imágenes vivas que enriquecen la narración y resaltan la habilidad literaria del autor para capturar momentos y emociones. Es a través de estos adjetivos que nos sumergimos en la narrativa y sentimos la desesperación y el miedo como si estuviéramos en la chalana, enfrentando las turbulentas aguas junto con los personajes.

Comentarios

Entradas populares