Explorando la Autoficción a Través de "Las malas" de Camila Sosa Villada
Camila Sosa Villada, una destacada escritora y actriz argentina, nos sumerge en su cautivante mundo literario a través de su obra "Las malas". Este libro, reconocido por su valentía y franqueza, revela la cruda realidad de las travestis en Argentina y su lucha por la emancipación en una sociedad patriarcal. En esta entrada, nos adentraremos en el concepto de autoficción presente en "Las malas", explorando cómo la autora fusiona elementos autobiográficos y ficcionales para crear una narrativa que va más allá de las experiencias personales.
La Autoficción en "Las malas"
En una entrada anterior se vio cómo la autoficción es un género literario donde el autor entrelaza su propia vivencia con elementos de ficción, presentando una narrativa que se sitúa en la delgada línea entre lo real y lo imaginario. En "Las malas", Sosa Villada utiliza este recurso para contar su historia y vivencias... habla a través de la voz de una Camila protagonista y nos presenta diferentes personajes del escenario travesti en las calles argentinas.
En esta ocasión, para trabajar una de las manifestaciones del aspecto ficcional ligado a lo realista en la novela, se va a tomar como foco la descripción realizada al personaje de la Tía Encarna:
"Si alguien quisiera hacer una lectura de nuestra patria, de esta patria por la que hemos jurado morir en cada himno cantado en los patios de la escuela, esta patria que se ha llevado vidas de jóvenes en sus guerras, esta patria que ha enterrado gente en campos de concentración, si alguien quisiera hacer un registro exacto de esa mierda, entonces debería ver el cuerpo de La Tía Encarna. Eso somos como país también, el daño sin tregua al cuerpo de las travestis. La huella dejada en determinados cuerpos, de manera injusta, azarosa y evitable, esa huella de odio.
La Tía Encarna tenía ciento setenta y ocho años. La Tía Encarna tenía cortaduras de todo tipo, hechas por ella misma en la cárcel (porque siempre es mejor estar en enfermería que en el corazón de la violencia) y también fruto de peleas callejeras, clientes miserables y ataques sorpresivos. Incluso tenía una cicatriz en la mejilla izquierda que le daba un aire ruin y misterioso. Sus tetas y sus caderas cargaban unos moretones eternos, a causa de las palizas recibidas cuando había estado detenida, incluso en tiempos de los milicos (ella juraba que en la dictadura había conocido la maldad del hombre cara a cara). No, me retracto: esos moretones eran por el aceite de avión con el que había moldeado su cuerpo, ese cuerpo de mamma italiana que le daba de comer, pagaba la luz, el gas, el agua para regar aquel patio hermosamente dominado por la vegetación, aquel patio que era la continuación del Parque, tal como el cuerpo de ella era la continuación de la guerra.
La Tía Encarna había llegado a Córdoba muy joven, cuando todavía se podía navegar en bote el río Suquía sin enterrarse en la basura. Se había rodeado de travestis toda su vida. Nos defendía de la policía, nos daba consejos cuando nos rompían el corazón, quería emanciparnos del chongo, quería que nos liberásemos. Que no nos comiéramos el cuento del amor romántico. Que nos ocupáramos de otros business, nosotras las emancipadas del capitalismo, de la familia y de la seguridad social.
Su instinto materno era teatral, pero dominaba su carácter como si fuera auténtico. Exageraba como una madre, controlaba como una madre, era cruel como una madre. Tenía el umbral de la ofensa muy bajo y se resentía con facilidad.
(...) En la rodilla izquierda tenía dos feas cicatrices de balazos, que así como habían entrado habían salido, y en los días de lluvia era frecuente verla ir rengueando hasta la cocina por un vaso de agua para tomar un analgésico, porque el dolor la hacía temblar.
Los días de lluvia eran una fiesta: no se salía a trabajar. O, si ya habíamos salido y se largaba el chaparrón, nos tomábamos entre todas un taxi a su pensión. En el camino los taxistas se descostillaban de la risa con nosotras, había que oírlos reír en ese momento para darnos cuenta de que éramos realmente divertidas, valiosas, que hacíamos cosas buenas también."
¿Qué elementos aquí nos permiten visualizar la autoficción?
- Narración autobiográfica:
En este fragmento, Sosa Villada nos sumerge en la vida de La Tía Encarna, revelando detalles específicos sobre su edad y su historia. Esta narración en primera persona establece un vínculo personal con el personaje, permitiendo a los lectores sentir la experiencia desde una perspectiva íntima.
- Identificación con la patria:
La autora utiliza la historia de La Tía Encarna para ofrecer una lectura crítica de la sociedad argentina. Al relacionar la experiencia del personaje con la patria y sus conflictos, se crea una reflexión profunda sobre la identidad nacional y las injusticias sociales que enfrentan las personas marginadas.
- Lenguaje crudo y directo:
Sosa Villada emplea un lenguaje claro y sin adornos para retratar la dura realidad de las travestis en Argentina. Este enfoque directo ayuda a transmitir la autenticidad de la experiencia y a resaltar la crudeza de los desafíos que enfrentan.
- Descripción detallada del cuerpo y las cicatrices:
La autora detalla meticulosamente las marcas físicas en el cuerpo de La Tía Encarna, mostrando las cicatrices físicas y emocionales que reflejan su lucha y su historia. Estas descripciones realistas y vívidas añaden un nivel de autenticidad a la historia y permiten a los lectores conectar emocionalmente con el personaje.
- Reflexión sobre la sociedad y la liberación:
A través de La Tía Encarna, Sosa Villada nos invita a reflexionar sobre la opresión social y la búsqueda de emancipación de las travestis. Este personaje se convierte en un símbolo de resistencia y lucha por la libertad, cuestionando las normas sociales y promoviendo un cambio en la sociedad.
- Narrador-protagonista vinculado a la historia:
El narrador-protagonista se involucra profundamente en la vida de La Tía Encarna, permitiendo una conexión íntima con el personaje. Esta cercanía narrativa intensifica la experiencia y resalta la autenticidad de la historia que se narra.
A través de estos recursos literarios y estilísticos, Camila Sosa Villada nos transporta a un mundo íntimo y revelador, donde la autoficción se convierte en una poderosa herramienta para abordar temas sociales y personales, y donde la línea entre la realidad y la ficción se desvanece, dando lugar a una narrativa que resuena en lo más profundo de nuestra conciencia.



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